
(Sobre el disco)
Meciéndonos, como la hoja que cae de ese árbol, dejemos que el otoño se haga pelos de una barba dejada
Reseña del disco para adictos al desencantamiento

(Sobre el disco)
Meciéndonos, como la hoja que cae de ese árbol, dejemos que el otoño se haga pelos de una barba dejada
Reseña del disco para adictos al desencantamiento


Seguramente muchos de ustedes recuerden A Day In the Life, el famoso tema que cierra Sgt. Pepper´s. Un tema de Paul y otro de Lennon unidos o separados por un estruendoso (¿?) CHAN de piano. Según cuenta la historia, los flequilludos consiguieran once pianos para tocarse al mismo tiempo y grabar el fortísimo acorde que escuchamos en el infladísimo mejor disco de todos los tiempos. 11 pianos…¡que exageración!
”Tras la dentadura ventanada de un CTK 500, hundidos en la arena del ruido, estos sonidos "organisticos" y "gverbereados" hallan el camino hacia la superficie sorteando contracciones musculares involuntarias....
Fíjese como ecualiza! “. Así es como se presenta Nopiano en el blog de su página, donde presenta algunos de sus temas.
El disco debut de Nopiano fue grabado con un teclado, una PC, bastante sentido del humor y la convicción de hacer las cosas a su manera. En un mundo musical prefabricado, alguien se toma el esfuerzo de buscar un sonido, un estilo y una estética propia (es mi amigo, pero no exagero). Y salen lindas canciones, que no le van a gustar a todo el mundo, pero que a mi si me gustan. Nopiano es Músico . Pero sirve de algo decir que es y que no es? Nopiano dibujara con crayón una nube en el techo de tu oficina y lloverán acordes. Sus canciones, son dueñas de una belleza desmembrada, que fusiona acordes con mucho mucho mucho overdrive, melodías juguetonas, y toda clase de ruidos. De momentos nos recuerda a un disco que no sabemos como se llama de un artista por nacer. Cada tema adquiere un rumbos inciertos, y en general no deja que la gente charle ; es un disco para escuchar solo . Aunque de momentos se pone sereno como un niño hamacándose en una plaza.
Los invito a que descubran el sonido estereo super dolbu sound banana gum de Nopiano y prometo una sorpresa para un futuro post.
CLARO QUE SI! BAJARÉ EL DISCO!
G. Santalaolla (Productor)

Atacados por tribus urbanas de celunabos, infectados por enfermedades que se transmiten por el virus del e-mail. Arrojados a un Sahara de información y la sed que crispa en los millones de oasis donde el agua es sucia. Y la banda ancha, cada vez más chancha. Y el consumo es clicki clicki de un ratón que hace de una mano su caparazón. Pero no es Mouse que busca refugio, es Monitor que refleja a quien se esconde.


Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dichos agujeros, bastará abrir un poco la canilla para que se pierda de vista. Sin malgastar un instante, hay que iniciar la tarea de recuperación del pelo. La primera operación se reduce a desmontar el sifón del lavabo para ver si el pelo se ha enganchado en alguna de las rugosidades del caño. Si no se lo encuentra, hay que poner en descubierto el tramo de caño que va del sifón a la cañería de desagüe principal. Es seguro que en esta parte aparecerán muchos pelos, y habrá que contar con la ayuda del resto de la familia para examinarlos uno a uno en busca del nudo. Si no aparece, se planteará el interesante problema de romper la cañería hasta la planta baja, pero esto significa un esfuerzo mayor, pues durante ocho o diez años habrá que trabajar en algún ministerio o casa de comercio para reunir el dinero que permita comprar los cuatro departamentos situados debajo del de mi primo el mayor, todo ello con la desventaja extraordinaria de que mientras se trabaja durante esos ocho o diez años no se podrá evitar la penosa sensación de que el pelo ya no está en la cañería y que sólo por una remota casualidad permanece enganchado en alguna saliente herrumbrada del caño. Llegará el día en que podamos romper los caños de todos los departamentos, y durante meses viviremos rodeados de palanganas y otros recipientes llenos de pelos mojados, así como de asistentes y mendigos a los que pagaremos generosamente para que busquen, separen, clasifiquen y nos traigan los pelos posibles a fin de alcanzar la deseada certidumbre. Si el pelo no aparece, entraremos en una etapa mucho más vaga y complicada, porque el tramo siguiente nos lleva a las cloacas mayores de la ciudad. Luego de comprar un traje especial, aprenderemos a deslizarnos por las alcantarillas a altas horas de la noche, armados de una linterna poderosa y una máscara de oxígeno, y exploraremos las galerías menores y mayores, ayudados si es posible por individuos del hampa, con quienes habremos trabado relación y a los que tendremos que dar gran parte del dinero que de día ganamos en un ministerio o una casa de comercio. Con mucha frecuencia tendremos la impresión de haber llegado al término de la tarea, porque encontraremos pelo (o nos traerán) pelos semejantes al que buscamos; pero como no se sabe de ningún caso en que un pelo tenga un nudo en el medio sin intervención de mano humana, acabaremos casi siempre por comprobar que el nudo en cuestión es un simple engrosamiento del calibre del pelo (aunque tampoco sabemos de ningún caso parecido) o un depósito de algún silicato u óxido cualquiera producido por una larga permanencia en una superficie húmeda. Es probable que avancemos así por diversos tramos de cañerías menores y mayores, hasta llegar a ese sitio donde ya nadie se decidirá a penetrar: el caño maestro enfilado en dirección al río, la reunión torrentosa de los detritos en la que ningún dinero, ninguna barca, ningún soborno nos permitirán continuar la búsqueda. Pero antes de eso, y quizá mucho antes, por ejemplo a pocos centímetros de la boca del lavabo, a la altura del departamento del segundo piso, o en la primera cañería subterránea, puede suceder que encontremos el pelo. Basta pensar en la alegría que eso nos producirá, en el asombrado cálculo de los esfuerzos ahorrados por pura buena suerte, para escoger, para exigir prácticamente una tarea semejante, que todo maestro consciente debería aconsejar a sus alumnos desde la más tierna infancia, en vez de secarles el alma con la regla de tres compuesta o las tristezas de Cancha Rayada.
J. Cortazar
Milanga pol E! Rubro
Traigo enredada en el alma una tristeza… Tal vez no comprendas nunca, vida, porque me alejo… Es mi destino, piedra y camino… De un sueño lejano y bello, soy peregrino…


